Stevens e-agnello

Por todos es de sobra conocido que cuando circulamos por tramos urbanos o carreteras con nuestra bici (sea o no eléctrica), hemos de respetar escrupulosamente las normas de tráfico y circulación.


Estas normas no son sólo para los vehículos, también regulan el desplazamiento seguro de peatones y ciclistas. Afortunadamente, la gran mayoría de usuarios de la bicicleta también somos conductores y peatones: conocemos las señales y por lo tanto no suele costarnos demasiado seguirlas y respetarlas.

Cuando llegamos al monte, también hay una serie de normas que algunos llaman “de etiqueta”, pero que no son otra cosa que de sentido común. Estas normas también son conocidas y respetadas por la mayoría, aunque si sales al monte asiduamente tarde o temprano te vas a encontrar con alguien que las desconoce o simplemente le traen sin cuidado.

La principal de las normas es respetar las señales y al resto de usuarios del monte y tratar de no asustar o poner en peligro a otros ciclistas o senderistas. Pero no sólo el resto de personas que nos podemos encontrar en nuestras salidas merecen nuestro respeto, también es importante no hacer ruidos que puedan molestar a los animales ni causar ningún daño a la flora que encontramos por el camino.


Y por supuesto, no arrojar ninguna basura ni dejar rastro de nuestro paso ni de alguna eventual reparación. Ceder el paso a los senderistas, saludar a otros ciclistas echándonos a un lado si el sendero es demasiado estrecho, dejando prioridad de paso siempre al que sube si nos lo encontramos en dirección contraria. Si nos encontramos a alguien con un pinchazo o avería, asegurarnos de que no necesita nada para reparar.

Si seguimos estas recomendaciones, nuestras salidas serán más seguras, y estaremos dando un ejemplo impagable a los que nos acompañen o se crucen con nosotros.


Pero, además, como usuarios de bicis eléctricas, queremos en este artículo dar algunas recomendaciones extra que es importante incorporar a nuestras salidas si queremos disfrutar plenamente de nuestro deporte.
Si vamos con otros ciclistas que no llevan bicicletas eléctricas, hemos de ser sensibles y no olvidar este hecho diferencial e indiscutible: en las subidas con grandes pendientes y rutas largas, estamos disfrutando de una ayuda extra que en ocasiones puede hacernos sentir felices y pletóricos mientras que el resto de ciclistas sufre al límite de sus fuerzas.


En estas ocasiones, hay que evitar hacer adelantamientos a gran velocidad o ir de conversación cuando los demás hace rato que “se han callado”. Hasta el más comprensivo de tus compañeros de salida te va a mirar, en el mejor de los casos, con cara de pocos amigos. Según tu estado de forma, puedes disminuir al mínimo la potencia o incluso si te es posible desconectar totalmente la ayuda en algún tramo, para demostrar que tu experiencia es también la suya, solo que sin llevar el esfuerzo a límites peligrosos.


Otro momento delicado son las bajadas. Nuestra bici tiene un mayor peso, y un centro de gravedad más bajo. Frecuentemente llevaremos unas ruedas más anchas y unas suspensiones reforzadas adecuadas a nuestro peso. Es decir, que podemos bajar de forma segura como auténticos profesionales . Pero esto conlleva dos riesgos: que nos lancemos demasiado rápido y no tengamos tiempo de respuesta ante un senderista o ciclista inesperado, y que el resto de usuarios no comprenda que nuestro control de la bici está dentro de lo razonable e interprete que vamos desbocados poniendo en peligro la integridad de todo el mundo.

Por lo tanto, hemos de desatar nuestra adrenalina bajando sólo en senderos poco transitados, con buena visibilidad y parando inmediatamente si vemos aproximarse a un grupo de personas en nuestra ruta.
Para terminar, una mención especial a los casos en los que nos encontramos con uno de esos “no partidarios” de la bici eléctrica. Son personas a los que les molesta tu presencia, piensan que haces trampa. Que vas sentado cómodamente en tu sillín como si vieras la tele, mientras ellos hacen deporte “de verdad”.

Para estas ocasiones, siempre que te apetezca y consideres que no es arriesgar demasiado, te damos este consejo infalible: déjale tu bici para que la pruebe. Verás cómo su gesto despectivo se transforma en otro de sorpresa al principio, y en una leve sonrisa al devolvértela. ¡A partir de aquí te mirará con otros ojos!


Pero aún hay un último caso. A veces, aunque te hayas mostrado respetuoso y solidario, te puedes cruzar con alguna de
estas personas que hace comentarios poco afortunados. Te desearán que te quedes sin batería, o hablarán de “tu moto”. Nuestro consejo es que saludes educadamente y no entres en disputas con ellos. No intentes convencerles, no es tu cometido. Discutir con uno de estos intransigentes es una tarea banal y una pérdida de tiempo.
Y, lo que es peor, un tiempo que puedes dedicar a disfrutar con una sonrisa de tu máquina de
la felicidad.